Si a la masturbación se le llama popularmente ‘paja’, Sandra Campó utiliza el término para autodenominarse ‘pajeróloga’. En medio de la aún tradicional y pudorosa Lima, Sandra se dedica a promover la exploración, autonomía y educación sexual en la mujer.

Foto: Jorge Madico


Sasá, como de cariño la llaman, es autora de Hoy tengo ganas de mí: 7 historias de masturbación femenina. Siete mujeres se desnudan para contarnos sobre el goce que solo ellas pueden darse. Desde hace más de cuatro años brinda talleres sobre sexualidad femenina, y está segura de que no quiere ser madre, ni tener relaciones afectivas con una sola pareja.


Los 30 años fue una edad crucial para Sasá. No solo había terminado una relación de larga duración, sino que fue ello lo que la motivó a retomar esa actividad que practicaba durante la adolescencia: la masturbación.


¿A qué edad te masturbaste por primera vez?

El primer recuerdo que tengo es que fue a los 13 años, supongo que cuando sentía deseo sexual por los actores que veía en la televisión. También me masturbaba pensando en todos los cantantes que salían de moda.


¿Desde cuándo te interesaron los temas sobre el sexo?

Siempre tuve curiosidad sobre el sexo. Recuerdo que a los 5 o 6 años le empecé a hacer preguntas a mi mamá de cómo nacen los bebitos. Y como ella se había preparado para ser profesora de Educación Inicial, todo lo que había aprendido en el instituto pedagógico le sirvió para explicarme ciertas cosas.


¿Cómo ella contribuyó a que vieras el sexo sin tabúes?

Mi mamá no quería que la historia se repitiera. Mi abuela era muy restrictiva con el tema del sexo: “No se habla del sexo porque es malo y cochino. ¡No!”. Mamá no quería que yo viviera lo mismo, así que se dijo a sí misma que me hablaría sobre el sexo, como lo más normal que es. Entonces, cuando le hice preguntas sobre sexo a los 5 años, me habló con total normalidad. Incluso ahora cuando voy a visitarla hablamos del tema en el desayuno, como si nada.


HOY TENGO GANAS DE MÍ: “YO SOY LA DUEÑA DE MI PLACER”


“La verdad es que nunca me había puesto a pensar en qué nombre le pondría a la masturbación, pero, ahora que lo pienso, creo que si me pidieran que inventara un nombre para ella, yo la llamaría libertad. Porque en mi caso fue eso: masturbarme fue una manera de liberarme, de conocerme y de saber qué cosas me daban placer”, cuenta Josefina, de 29 años, una de las mujeres cuyos testimonios recoge Sandra en su libro.


Son siete las mujeres que cuentan cómo se volvieron a encontrar consigo mismas y sobre todo, a descubrir que son dueñas de sus propios placeres sexuales. Hoy tengo ganas de mí tiene un origen, como todo libro, y aquí Sandra nos lo cuenta.


Foto: Jorge Madico

¿Cómo nació la idea de que escribieras un libro sobre masturbación femenina?

Fue cuando cumplí 30 años. Había terminado una relación larga de pareja y estaba pasando por una etapa de duelo. En ese duelo, no quería relacionarme sexualmente con otras personas. Entonces, retomé la masturbación.


De los 20 a los 30 años, me había enfocado en tener vida sexual con parejas, amantes o cosas eventuales, pero había olvidado masturbarme. O porque bien, veía la práctica masturbatoria como lo ve mayoría de la gente: “Lo haces porque no tienes a nadie o porque todavía no tienes vida sexual en pareja”. Cuando retomo la masturbación a los 30, me doy cuenta de que es la gran maravilla.


A partir de entonces, tenía ganas de hablarlo con mis amigas, pero ninguna de ellas hablaba sobre eso. Y me pregunté, “¿acaso soy la única mujer que se masturba? ¿De qué forma hago que hablen?”. La excusa perfecta era hacer un libro, entrevistar a mujeres, que me cuenten sus historias y, las convierta en cuentos en primera persona.


¿Qué aprendizajes te llevas de estos estos testimonios?

Antes de publicar mi libro, mi hipótesis era que la masturbación femenina promueve el autoconocimiento corporal, la autonomía sexual y la autoestima de las mujeres. Y es cierto, me di cuenta a través de sus testimonios que aquellas que conocen muy bien su cuerpo, no necesitan de nadie para darse placer y, que además tienen un mejor conocimiento de sus zonas erógenas.


Entonces, ¿a partir del lanzamiento de tu libro empezaste a brindar talleres?

Exacto, en setiembre de 2015 publiqué el libro. Desde entonces, sin quererlo, me convertí casi en la experta de masturbación femenina porque nadie habla del tema. A nivel de habla hispana hay muy poca información sobre masturbación femenina y mi libro probablemente sea el único que hable sobre el tema en primera persona.


Sin embargo, en marzo de 2015 empecé dando talleres sobre menstruación. Se llamaba “Una Revolución llamada menstruación” y continúe dándolo durante 2016 y 2017. A partir de 2018, con la publicación de mi libro, empecé recién a hacer talleres sobre masturbación femenina.


¿Qué has descubierto de las mujeres que van a tus talleres?

Me parece preocupante que las mujeres mismas no tengan conocimiento sobre sus cuerpos. Por ejemplo, las chicas siguen llamando vagina a su vulva, y eso es un gran error. Es necesario que sepan la diferencia de la vulva y la vagina, así como sepan que tienen un clítoris que solo les sirve para darse placer.


¿Cómo es posible que las mujeres seamos muy ignorantes de nuestros cuerpos, o que no nos masturbemos cuando tenemos un órgano que justamente es para eso? Es absurdo, pero al mismo tiempo te das cuenta de que es el resultado de una estructura, donde absolutamente todo ha sido creado por el hombre.



¿Qué le dirías a las mujeres que nunca se han masturbado?

Les diría que lo intenten, que no tengan miedo y lo hagan. Poco a poco ese miedo se irá yendo y van a ir explorando el placer. Ese placer que solo nosotras mismas podemos darnos. El placer a solas es diferente al sexo compartido. Les diría que creen un ambiente apropiado para ellas con música, luces o aromas que les resulte excitante o si desean pueden ver una imagen excitante. Cada una puede creer su ambiente de acuerdo a sus gustos.


También es muy saludable comenzar a hablar del tema. Quizás con la amiga más cercana, aunque sea con timidez o en susurros. El deseo sexual de las mujeres tiene que ver mucho con la represión que puedan tener en sus mentes. Mientras una va hablando del tema, va rompiendo ese tabú y es más fácil que disfrute.